El ejemplo a evitar.

Mientras el secesionismo catalán suplica al Tribunal Constitucional que le dé permiso para desobedecer al estado en el que se integra su maltrecha comunidad autónoma, lo vascos han aprendido una gran lección viendo la autodestrucción que Mas y los suyos han ejecutado, y lo han hecho destinando cantidades prohibitivas de erario público a financiar el delirio compulsivo de unos políticos que distan mucho de considerarse “honorables”.

Si de algo son conscientes los vascos es de que los secesionistas catalanes no son ejemplo de nada, máxime cuando presencian hechos como la imposibilidad pecuniaria de que las farmacias catalanas puedan ver satisfechas sus deudas con la Generalitat o las cuantías del presunto saqueo masivo de las raíces pujolianas del secesionismo actual.

Toda esta vorágine de vergonzosos sucesos en Cataluña están provocando que en la comunidad autónoma vasca cada vez menos ciudadanos se planteen la independencia de su territorio como solución a ninguno de sus problemas, quizás vean que la tentativa catalana sólo provoca irreparables daños a la convivencia y la economía de su territorio.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.

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Ni por nuestra seguridad.

A los de Izquierda Unida y Podemos parece que el terrorismo que preocupa a toda Europa no les causa ningún temor, de hecho hasta parece que de su actitud se desprende una cierta dejadez en la lucha contra esta amenaza.

Los de Podemos acuden a la firma del pacto antiterrorista para decir que no se adhieren a una demostración unánime de rechazo al terrorismo de la política española. El motivo que aducen sólo puede calificarse como ridículo: hablan de no adherirse a un pacto antiterrorista por la nimia cuestión de que lo firmaron inicialmente aquellos que tenían representación parlamentaria, ¿en serio alguien cree semejante estupidez?

Claro que aún peor es el caso de Alberto Garzón, que cargado de razón habla de rechazar dicho pacto mostrando la peor de las cobardías con uno de los asuntos más básicos para nuestro modelo de convivencia. Este iluminado habla de que al terrorismo le hace más daño un juicio que un manifiesto rechazo unánime.

Parece que ya tenemos voluntarios para enviarles a Siria e Irak a negociar con el Daesh y a enjuiciar sus delitos. Carmena se ofrece a negociar con ellos y Garzón se presta a enjuiciarles con sus “vastos conocimientos” de derecho penal internacional.

Ni para garantizar su propia seguridad relajan el discurso populista que sólo beneficia a quienes quieren destruir nuestra sociedad.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.

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Insalubridad mental pública.

La ya de por sí devaluada socialmente profesión de psicólogo tiene como enemigo acérrimo el peor de los posibles, la sanidad pública.

Parece que el derecho a la sanidad pública ningunea  expresa y tácitamente el derecho a la salud mental, que parece estar fuera del concepto de la garantía pública de ciudadanos sanos.

En los tiempos que vivimos de despersonalización de las relaciones entre humanos y las imposiciones sociales de éxito o fracaso que causan frustraciones casi insoportables para los ciudadanos, parece que  el acceso a un profesional que pueda tratar esas patologías psicológicas es un lujo al que la sanidad pública casi renuncia. De ahí la escasísima cantidad de estos profesionales en lo público, a sabiendas de  que realizan una de las labores más importantes para la convivencia social de nuestro tiempo.

La atención que la cantidad adecuada de estos profesionales sanitarios prestarían si formaran parte de la sanidad pública podría provocar una mejora exponencial de la convivencia y la eliminación de posteriores consultas paliativas de problemas mentales más graves que provocan situaciones insostenibles para las que el Estado no tiene solución.

“Mens sana in corpore sano”, pero no en nuestra sanidad pública y su escasísima oferta de atención psicológica.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.  

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Demagogia con lo básico.

Ante un conflicto en Siria que hace mucho sobrepasó el concepto de guerra civil para convertirse en una batalla entre mediano oriente, Russia y occidente, no ayuda a abordarla con la debida calma la celebración de unos comicios nacionales que anuncian una nueva situación política en España.

Ante el temor a una nueva versión del “no a la guerra”, (antaño tan valioso para la izquierda), el Gobierno anuncia el retraso de la toma de cualquier decisión en cuanto a un conflicto internacional ya declarado. Habla nuestro temeroso Presidente de un acuerdo con todas las fuerzas políticas siendo consciente de su imposibilidad. Se palpa en el Gobierno más miedo al fracaso electoral que responsabilidad.

Los socialistas se sitúan en el campo del desconcierto ante el temor a una reacción que pueda hundirles aún más en las encuestas. Los de Podemos, ya conscientes de los daños que sus designaciones digitales y la inverosimilitud de su ideología bolivariana les provocan, rescatan las pancartas del “no a la guerra” para intentar recuperar alguna intención de voto, sin temor a usar cualquier motivo para intentar “ocupar” escaños.

Como en tantas otras cosas parece que el único grupo que lo tiene claro es Ciudadanos que, adquiriendo la responsabilidad de asegurar nuestra seguridad no duda en proponer la colaboración de nuestro país en una hipotética resolución internacional que defienda nuestro modelo de convivencia.

La demagogia se extiende peligrosamente a cuestiones que afectan a lo más básico de nuestra democracia.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.

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La destrucción de Cataluña.

La tensa calma que se está viviendo en el Parlament de Cataluña ante el desafío secesionista está provocando los lógicos e irreparables daños para los catalanes. De hecho, hoy mismo conocemos las intenciones de grandes empresas de trasladar sus sedes a terrenos menos pantanosos dentro de nuestro país.

El Presidente en funciones fija su posición en la compulsiva vanidad de pretender protagonizar la siguiente legislatura en la que ha prometido el edén que cada día se muestra más indeterminado e inviable. Como mano extendida del largo y profundo brazo de los Pujol, nadie excepto los suyos le ven ya como líder de nada.

Si ya esa comunidad sufría los daños lógicos de una crisis mal gestionada por el gobierno central, ahora hemos de sumarle la pésima gestión de las competencias que dicha comunidad tiene cedidas basadas todas en el gasto sin cuartel en financiar una situación política que ni sus propios ciudadanos quieren. No hay servicio público gestionado por la Generalitat que no haga aguas por la redistribución del erario público al desvarío de crear a lo loco instituciones ilegales de un país que sólo existe en sus perturbadas mentes.

Los hechos que hoy acontecen en Cataluña tienen más de siete millones y medio de víctimas sólo en esa comunidad autónoma.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.

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Para después.

La perspectiva de unas elecciones causa un temor que se convierte en pavor cuando se trata de tomar  decisiones por aquellos que ostentan la responsabilidad de tomarlas. Y es que la historia reciente les ha hecho aprender por la vía del fracaso electoral retribuido por las decisiones erróneas o apresuradas tomadas ante desafíos a nuestro modelo de vida.

Hoy Gobierno y oposición dejan “para después” del 20D cualquier decisión que implique una posición internacional clara de nuestro país ante la amenaza yihadista o cualquier otro asunto de importancia. Unos comicios nacionales en los que se prevé la crisis del bipartidismo han servido para rubricar el primer y cobarde acuerdo entre PP y PSOE para minimizar los daños a sus posiciones electorales.

Sánchez deja para después de las elecciones cualquier decisión, recomendación o posición alardeando de responsabilidad y manejo de los tiempos. Rajoy, en un discurso calcado aunque aún más soso, repite las mismas justificaciones reflejando en su cara el miedo a “cagarla” sólo por hacer el trabajo para el que se le paga. La cobardía es quizás una definición que se queda más que corta para ambos.

Si de una más que necesaria reunión de la OTAN y la ONU se dictara una resolución de condena al terrorismo que auspiciara la actividad militar contra el terror, a nuestros políticos tradicionales les pillaría de “campaña”. Un síntoma más de la clásica irresponsabilidad del bipartidismo.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.

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El valor del riesgo.

Ante un suceso tan grave y preocupante como el acaecido en París recientemente o los tristemente ocurridos en los cercanías de Madrid, nuestro modelo de estado tiene que necesariamente acudir a los funcionarios públicos que tienen obligación de poner en juego su vida para garantizar nuestra pacífica convivencia.

Unidades de élite de los cuerpos policiales acuden prestos con las máximas precauciones, pero todas las cautelas son pocas sabiendo que existe un nuevo tipo de delincuentes: aquellos que no temen morir y prefieren hacerlo eliminando al mayor número de “infieles” posibles. Y van porque si ellos no lo hacen, nadie lo hará.

¿Qué funcionario público iría a un sitio donde las probabilidades de morir son tan altas?, ¿saben por cuánto dinero? No existe dinero para pagar esos servicios, pero las retribuciones que perciben hablan del respeto que un estado otorga a los garantes de su seguridad y de la dignidad misma de una nación. España no sale muy bien parada, pero ellos van y seguirán yendo.

La calidad democrática de un pueblo se mide en el respeto que se otorga a quienes garantizan su pacífica convivencia, aún a riesgo de su propia vida.

PABLO CAMBRONERO. Sevilla.

 

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