La realidad oculta.

 

Europa es destino de un nuevo éxodo humano. El espacio exterior Europeo, denominado espacio Shengen, recibe a diario cientos de miles de personas que huyen o bien de la miseria o bien de la persecución por su pertenencia a determinados colectivos en lugares donde el valor de la vida es casi nulo.

África envía cientos de miles de personas que buscan una oportunidad en esa tierra prometida de la que les hablan constantemente y por la que pagan lo que se les pida. Italia, España y Grecia suelen ser sus destinos habituales.

Oriente Próximo, con el conflicto bélico Sirio y la situación de Irak y Afganistán casi sometidas al poder del Estado Islámico, obliga a huir a cientos de miles de ciudadanos que, ataviados con lo poco que les queda, se dirigen a Europa más por una cuestión de supervivencia que económica.

A todo esto hemos de sumar el olvidado conflicto ucraniano, que ha generado desplazamientos dentro y fuera de sus fronteras.

Cuando Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría y otras naciones toman medidas restrictivas en sus fronteras, los medios se apresuran a condenar esas medidas, al igual que se condenó a España e Italia cuando sus fronteras, (que también lo son de Europa), eran destino de miles de personas para las que no hay la más mínima posibilidad de subsistencia sin afectar a los derechos de los residentes.

No nos engañemos, el nivel de vida del que gozamos en la Unión sólo puede mantenerse si se gestionan razonablemente los recursos y no se aumenta exponencialmente la población.

A esta situación se ha de añadir el factor cultural, pues la entrada en la Unión por cuestiones humanitarias o bajo el estatus de refugiado obvia la una de las cuestiones que más daño esta haciendo a la pacífica convivencia, pues no se exige absolutamente nada para integrar en nuestra comunidad a personas que vienen de muy diferentes situaciones personales, familiares y económicas.

¿Creen eficaz generar barrios, (que ya son guetos), en los que se construyen con financiación pública sus lugares de culto y se hace desaparecer cualquier símbolo, (ideológico, religioso o cultural), que identifique a España? Yo creo que no, más bien al contrario, en esos ambientes se crea el caldo de cultivo idóneo para que iluminados aprovechados promuevan un germen de odio del que sólo comenzamos a ver las primeras consecuencias.

Pienso que es más que necesario integrar a estas personas haciéndoles conocer y respetar nuestro idioma, nuestra cultura, las costumbres de las ciudades y pueblos a los que vienen a vivir y el acato a las libertades que la Constitución vigente  garantiza.

Muchos me catalogarán como racista, fascista o algo peor, prueba sin duda de que en este y otros países se vive en demagogia fáctica y práctica.

PABLO.

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Guerras ocultas.

¿Porqué lo llaman terrorismo sabiendo que estamos inmersos en la más global de las guerras? Una tercera guerra mundial que, bajo el penoso justificante del opio del pueblo, enfrenta a naciones que se agrupan por afinidades religiosas a lo que se suman viejas rencillas entre superpotencias no resueltas en la Guerra Fría.
Pero esta guerra se libra en escenarios muy dispersos y con combatientes que aprovechan cada ocasión para romper la pacífica convivencia que, casi siempre en Europa, ha dado cobijo, (como ejemplo de democracia integradora), a esos enemigos a sabiendas de su peligrosidad.
Pero uno de los bandos prefiere negar la mayor camuflando a estos soldados enemigos sustantivándoles como fanáticos, locos o terroristas. Todos y cada uno de esos soldados ejecutan actos con el único objetivo de romper la paz de los países a los que consideran enemigos a los que combatir y exterminar.
Para que exista un conflicto bélico declarado sólo son necesarios dos bandos enfrentados por motivos religiosos, de territorio o étnicos, aunque las batallas se libren espaciadas en el tiempo y sin un territorio concreto. Para occidente los “malos” son esos fanáticos religiosos que matan y mueren por las derivaciones violentas de su fe, para ellos lo somos los infieles que vilipendiamos su religión con nuestras costumbres de degeneración humana.
Me tomo la licencia de usar palabras de Pérez-Reverte: “Es la tercera Guerra Mundial idiotas”, ¿no la ven?.

PABLO CAMBRONERO.

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Secesionismo euroescéptico.

La tan amada y odiada cuestión secesionista catalana, con sus DNIs, matrículas y los buenos y malos catalanes o españoles, deja al margen una cuestión que ha de ser valorada en su justa medida.
La brecha de odio entre hermanos que el independentismo está cronificando provoca que no sólo seamos los españoles y catalanes los que nos consideramos lejanos entre nosotros, además debe ser la propia Unión Europea la que considere absurda y contradictoria esa idea de querer levantar un muro en un Estado de la Unión y a la vez pertenecer a la misma.
¿Cómo podrá garantizar la Unión el respeto a la “cultura catalana” habida cuenta que Europa persigue el sueño de una unificación total de Estados hermanos? La fractura social que el secesionismo está provocando en toda España es una pésima hoja de servicios para pasar el examen de adhesión como estado independiente y democrático.
Sin entrar a valorar la manera en que Cataluña puede ser independizada del resto de España, pues tampoco nadie ha establecido modo alguno, se ha de poner de manifiesto que lo especial de este territorio es no ya su idioma, su historia, o su idiosincrasia, ya que es lo mismo que podrían decir de sí mismos Andaluces, Gallegos o Manchegos.
Lo especial de este territorio es sin duda la gestión política victimista y la excusa rojigualda para todos los males que son responsabilidad de quienes lideran esa pretensión, pues se han procurado casi todas las parcelas de gestión gracias a la venta de su apoyo a varios gobiernos de España.
Sea como fuere, Europa tiene la obligación de fomentar la concordia entre sus pueblos, pues mirar para otro lado con los “problemas internos” de uno de sus estados no deja de mostrar una cobardía impropia de la potencia que pretende ser la más democrática de la tierra.

PABLO CAMBRONERO. 

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Éxodos del S. XXI.

Cuando vemos películas sobre los éxodos masivos consecuencia de la primera o la segunda guerra mundial, ese auténtico drama espeluznante siempre se queda en blanco y negro en nuestras retinas, encerrados en un marco que podemos eliminar sólo moviendo un dedo que cambia de imagen para olvidar la anterior.
Hoy, 20 de agosto de 2015, veo como el brutal y olvidado conflicto bélico Sirio provoca un éxodo masivo que por mar y tierra genera imágenes que nos acercan a una realidad que aparece por primera vez en color y con la crudeza que la realidad bélica nos muestra. Miles de familias con niños cruzan Grecia camino al norte de Europa, (no quiero ni imaginar donde están sus ancianos, sus enfermos, sus impedidos), y son repudiados en las fronteras de Macedonia como consecuencia de la saturación de uno y otro país.
Un padre con su hijo en brazos grita desesperado frente a un escudo tras el que se esconde otro padre uniformado que, ignorando como hacer su trabajo en ese momento, no puede ni quiere mirarle a la cara. Una imagen que no logro olvidar, a pesar de cambiar de canal constantemente.
Miles de personas huyen para salvar sus vidas ansiando buscar oportunidades para prosperar lejos de la tierra que les vio nacer y a la que algún día regresarán. Para ese largo e incierto viaje portan una maleta, un cubo en el que han de resumir toda una historia familiar para conservar la esencia de lo que un día fueron.
Cuando ya te han desposeído por la fuerza de todo lo que has luchado, sólo puedes justificar tu existencia garantizando la de aquellos que amas, estén donde estén.

PABLO CAMBRONERO. 

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Derivaciones helenas.

Grecia, ya convertido en el laboratorio político de Europa, ha vuelto a demostrar que existe un proyecto supranacional político, económico y social casi imposible de destruir desde un territorio que, aunque históricamente llegó a ser el máximo exponente de la cultura humana, no puede luchar contra la concordia económica de países que comparten algo más que fronteras.

La reciente afinidad a proyectos de extrema izquierda en el sur de Europa parece haber demostrado su estrepitoso fracaso en Grecia, ello tras el portazo que Tsipras recibió a sus aspiraciones de acercamiento a la potencia rusa. El régimen económico europeo no estaba dispuesto a facilitar la labor de quienes han protagonizado un movimiento de destrucción de la propia unión valiéndose de sus instrumentos democráticos.

Es de recibo interpretar este fracaso extendiéndolo al resto de la Unión. Conocemos claramente el origen de la afinidad ciudadana a estos movimientos de izquierdas, que pasa sin duda por haber experimentado políticas y gestiones más que dudosas que han extendido una distancia entre Gobernantes y pueblo basada en la contaminación que irrevocablemente provocan los cada vez más numerosos y públicos casos de corrupción política. Lejos de otorgar parcelas de poder a movimientos excluyentes como son los que promete Podemos, hemos de estar cautelosamente agradecidos al surgimiento de estos grupos políticos, pues han contribuido de forma importantísima a la regeneración y limpieza de los viejos grupos políticos, que ya no pueden permitirse ni una sóla corrupción más.

Ahora la extrema izquierda griega se extrema aún más creando un partido que da la espalda al presidente al que anteriormente apoyaron, una suerte para todos, pues muestran su incapacidad manifiesta para acceder a un poder que les ha de ser esquivo por el bien de todos.

PABLO CAMBRONERO.

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La tradicional nueva izquierda.

La lucha electoralista contra el conservadurismo está provocando amigismos y asociaciones de lo más variopinto. Izquierda Unida, resistiéndose a desaparecer en el olvido, ante el despectivo rechazo que Podemos manifestó a su intención de fusión, crea una asociación de personas afines, aunque desde fuera, a diversos partidos de izquierdas que pretende constituirse como partido político que aglomeraría todo el descontento de unos y otros.
Pero las filas oficialistas de Podemos, Compromís y del PSOE no se prestan a esta extraña asociación que sólo tiene la intención de hurtar algún voto dudoso otorgado al PP hace cuatro años.
Como reacción a este movimiento aún no concretado en hechos, Compromís se acerca a Podemos y el PSOE manifiesta públicamente su intención de pactar con el partido de Pablo Iglesias que parece constituirse como el principal socio de izquierdas para unos y otros.
Parece que se constituye fácticamente un nuevo eje de izquierdas compuesto por PSOE, Podemos y Compromís, que además muestra un desconcertante giro hacia posturas proclives o facilitadoras de los independentismos excluyentes, lo cual parece amenazar la unidad del país.
Frente a estos extremos políticos ya clásicos en la historia de nuestro país, (a pesar de la reciente y contrapuesta constitución de algunos), quizás haya que mirar para el centro para hallar una solución más razonable y moderada para nuestra interminable situación política.

PABLO CAMBRONERO.

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Importar conflictos ajenos.

Matisyahu, un cantante americano que hace música reggae ha visto como su actuación se ha suspendido por no acceder a la condición de manifestarse pública y parcialmente en un conflicto que dura más de 60 años en oriente próximo.
Los organizadores se escudan en que este artista judío anteriormente ha manifestado en sus letras una cierta afinidad a Israel, (tremenda novedad siendo judío), lo cual interpretan como una provocación política. Su solución ha sido exigirle manifestarse públicamente en contra incluso de lo que piensa bajo amenaza de expulsión del Festival de Benicasim, amenaza que han cumplido al evidenciar que este artista no ha obedecido.
Hoy la comunidad judía en España se manifiesta en contra de un festival que sólo ha de tener como contenido la música y la fiesta por la que acuden miles de personas cada año, y que hoy se ha convertido en un nuevo escenario de una confrontación que ni nos pertenece ni debemos nombrar a la ligera.
El conflicto bélico enquistado más vetusto del planeta no debe ser objeto de frívolas intromisiones, sobre todo cuando estas provienen de personas que han permanecido ajenas al sufrimiento que para ambos pueblos supone enterrar a sus muertos por una guerra con tintes étnicos, sociales, territoriales y religiosos, y que poco tienen que ver con la música y la diversión.

PABLO CAMBRONERO.

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